El vínculo afectivo : El diálogo ojo a ojo.

El desarrollo emocional o afectivo se refiere al proceso por el cual el niño construye su identidad , su autoestima, su seguridad y la confianza en sí mismo y en el mundo que lo rodea a través de las interacciones que establece primero con los padres, y después con el resto de personas de su entorno.

El desarrollo del cerebro del niño depende en parte de las experiencias emocionales que vive. El vínculo temprano tiene un impacto directo en su organización cerebral.

El niño tiene desde su nacimiento,  la capacidad funcional de relacionarse socialmente,  pero esta sólo puede desarrollarse si tiene la posibilidad de interactuar con alguien. No te olvides,  es un bebé como cualquier otro: Cógelo,  mécelo,  cántale… disfrútalo!!!

La búsqueda e interés en la relación humana, son rasgos de salud mental que el niño debería manifestar desde el comienzo de su vida.  La ausencia de mirada y la falta de intencionalidad en los movimientos corporales para dirigirse al otro,  indican la posible evolución de un trastorno de la comunicación. La interacción precoz padres-hijo puede interrumpir un proceso evolutivo de este tipo de transtornos y permitir al niño un desarrollo sano.

Por tanto,  las habilidades emocionales  se pueden y se deben enseñar. Debemos fomentar su aprendizaje.

Esto es lo primero que nos enseñó Nuria.  Cuando llegamos a la primera sesión,  cogió a mi hijo en brazos y en seguida buscó el contacto visual. Después de acunarlo un rato mientras conectaba su mirada con la de mi hijo, de hablarle muy cerca,  cara con cara, intercambiando sonrisas, colocó a Miguel Angel en un cojín sobre su  mesa, y empezó a proporcionarle diferentes estímulos dirigidos a provocar en él sus primeras reacciones básicas.

La educación de las emociones empieza desde sus primeros días de vida.  El niño responde de manera voluntaria a los estímulos que recibe según sean agradables no. En los primeros tres meses,  estas reacciones son muy básicas: movimientos agitados y llantos como respuesta a estímulos desagradables y sonrisas si son placenteros.

Nuria le hacía sonidos con la boca, guiños, caricias debajo de la barbilla…para provocar la sonrisa de Miguel Angel, pero también le molestaba buscando la reacción contraria.

Durante los 3 primeros meses de vida, la diferenciación de las emociones básicas se inicia al mismo tiempo que la corteza cerebral se vuelve funcional, es decir,  en el momento en  que entran las percepciones cognitivas.

Pronto estas reacciones pasarán a convertirse en una forma  de  comunicación, es decir,  el bebé las realiza de forma voluntaria porque aprende que cuando las hace, el adulto responde a ellas (si llora le presto atención,  si sonríe yo también y le doy besitos)

Por todo ello, es imprescindible la interacción con nuestro hijo. Además de proporcionar los cuidados habituales y de cubrir sus necesidades,  tenemos que estimular el interés por las personas. Podemos aprovechar momentos como el baño, cuando le ponemos la crema,  el momento de despertar de la siesta…para realizar en casa minisesiones como las que nos enseñó Nuria.

  • Que el bebé muestre un  marcado interés por el rostro de las personas.
  • Que hable con los ojos. Que establezca un diálogo con el otro de ojo a ojo (la mirada es una función psíquica,  al contrario que la vista que es orgánica )

Todo ello son signos positivos del desarrollo. Muestran que los procesos psíquicos están en funcionamiento y se desarrollan de forma estable.

Siguiente sesión: interés por el objeto.

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